5 verdades incómodas y reveladoras sobre lo que significa ser humano

 

Más allá del ego: 5 verdades incómodas y reveladoras sobre lo que significa ser humano



Introducción: El problema de la existencia automática

Debemos partir de una premisa brutal: la mayoría de los seres humanos no lo son en absoluto. Siguiendo la contundente visión del antropólogo Josep Maria Fericgla, la mayor parte de la población mundial se compone de "animales que hacen ruido por la boca". Emiten sonidos que parecen lenguaje, pero carecen de sentido humano profundo; viven sumergidos en un automatismo que imita la vida, pero que no la trasciende.

Fericgla nos desafía a comprender que la humanidad no es un regalo biológico que se recibe por el simple hecho de nacer. Ser humano no es un estado de origen, sino un destino que exige un esfuerzo deliberado y constante. Es una capacidad que se entrena para salir de la inercia de la "pestaña" biológica y entrar en el terreno de la voluntad consciente.



1. Ser "humano" no es un estado, es una capacidad que se entrena

En el esquema de la existencia, la vida es un proceso de transformación de energía. Las plantas convierten la energía estática en vida; los animales transforman esa energía vegetal en movimiento automotriz guiado por el instinto. Una vaca no puede elegir dejar de ser vaca ni puede desobedecer sus impulsos. Sin embargo, el ser humano posee una "pestaña" evolutiva única: la capacidad de elegir cómo transformar esa energía.

Ser propiamente humano implica desarrollar la "conciencia de la propia conciencia". No se trata de sentir hambre o frío —sensaciones que cualquier ardilla experimenta con nitidez—, sino de la capacidad de observar nuestros propios pensamientos y patrones neuróticos desde fuera.

"La conciencia humana es la naturaleza hecha autoconciencia".

Bajo esta mirada, el propósito diario no es la supervivencia, sino convertirnos en especialistas de la transformación energética, utilizando el esfuerzo voluntario para crear conciencia allí donde antes solo había reacción instintiva.


2. La trampa de la "barba del ermitaño" y el ego espiritual

Existe un peligro seductor en el camino del autoconocimiento: el ego espiritual. Fericgla lo ilustra con el cuento del asceta que, obsesionado con su evolución, Dios le recrimina que se pasa el día "peinándose la barba". Cuando el asceta intenta corregirse arrancándose los pelos uno a uno, sigue estancado: ahora está más obsesionado con su barba que antes.


Esta metáfora revela que el ego es un túnel. No importa si lo pintas de color rosa (espiritualidad), de color dólar (dinero) o de sotana (religión); sigue siendo un túnel que te aísla de la realidad. El objetivo del trabajo interior no es decorar el túnel ni hacerlo más "santo", sino abrirlo para que la realidad eterna pueda entrar. La obsesión por la "mejora personal" es, a menudo, otra forma de narcisismo que nos impide la verdadera trascendencia.



3. "Para qué" vs. "Por qué": El giro cognitivo de la Amazonía

Occidente vive atrapado en la neurosis del "Por qué". Esta pregunta mira siempre hacia el pasado, buscando culpas, traumas infantiles y explicaciones que detienen la acción en un bucle intelectual. Fericgla propone el giro cognitivo de las culturas amazónicas (como los Shuar o Quichua), cuya columna vertebral es la pregunta: "¿Para qué?".

Mientras el "por qué" alimenta la parálisis, el "para qué" otorga orientación y futuro. Fericgla narra el ejemplo del indígena que vende su única vaca —su capital de años— para comprar un uniforme escolar y una libreta para su hijo. Él sabe exactamente para qué quiere el dinero.

En nuestra "jaula de oro" occidental, acumulamos recursos por inercia, sin saber para qué los queremos. Saber el sentido de nuestras acciones es lo que nos diferencia de los habitantes de un sistema basado en el automatismo económico.


4. Estar en el mundo sin ser de este mundo (Lo Inefable)

Recuperando la sabiduría sufí, Fericgla distingue entre vivir regido por el "Espíritu de los Tiempos" o permitir que lo "Inefable" guíe la existencia. El espíritu de los tiempos es finito y volátil: son las modas, las presiones sociales, la racionalidad económica y las agendas políticas. Lo inefable es lo eterno, aquello que está más allá de las palabras y el tiempo.

La propuesta no es el aislamiento, sino la máxima sufí: "Estar en el mundo sin ser del mundo". Esto significa cumplir con las responsabilidades mundanas —pagar facturas, trabajar, vincularse—, pero sin que el núcleo del ser pertenezca a la estructura finita del sistema. Cuando permitimos que lo inefable habite el corazón, dejamos de ser protagonistas obsesionados con nuestro destino para convertirnos en canales de una fuerza superior.

5. El error de preguntarse "¿Quién soy yo?"

En una crítica mordaz a la espiritualidad contemporánea, Fericgla califica la búsqueda de la identidad personal ("¿Quién soy yo?") como un "error garrafal". Sostiene que si te obsesionas con esa pregunta, terminarás siendo un "idiota", pues el "yo" no es más que un subproducto de la educación, la biología y los accidentes emocionales. Es una etiqueta estática y, por definición, muerta.

La pregunta que realmente despierta la conciencia no es sobre la identidad, sino sobre el sentido: "¿Qué sentido tiene esto para mí ahora mismo?". El sentido es dinámico, ocurre aquí y ahora, y nos saca del abismo del ego para conectarnos con la realidad presente. La vida no necesita una definición del "yo", necesita una orientación clara hacia el propósito.


Conclusión: "Al final no hay para tanto"

Como antídoto definitivo contra el drama existencial y la rigidez de nuestras neurosis, Josep Maria Fericgla propone un lema vital: "Al final no hay para tanto". No es una invitación al cinismo, sino un llamado a elevar la mirada por encima de los desamores, las crisis y las ambiciones que nos asfixian.

Inspirado en el poeta Rumi, nos recuerda que no tiene sentido desgastarse "buscando el sol", porque el sol de la conciencia siempre ha estado ahí. Nuestra única tarea real es apartar las nubes —nuestras neurosis, miedos y pretensiones— que nos impiden verlo.


Al cerrar esta reflexión, cabe preguntarse: ¿Qué nubes está usted alimentando hoy que le impiden ver el sol que siempre ha estado presente?




Referncia: https://youtu.be/zuPhKYQFjnc?si=yFm8F-UmI3R-Vpsf

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